Lo que antes solo revelaban los denunciantes, los periodistas de investigación, los activistas y los medios disidentes, ahora lo muestra el propio imperio.
Autor: Caitlin Johnstone
Antes era difícil hacer ver a los occidentales la depravación del imperio estadounidense. Ahora está ahí, ante los ojos de todos, con imágenes crudas de genocidio y un belicismo increíblemente perverso con consecuencias económicas directas.
Costó mucho trabajo ayudar al occidental medio a comprender que las agresiones de la OTAN provocaron activamente la guerra en Ucrania, o que el intervencionismo occidental desempeñó un papel fundamental en la violencia y el caos de Siria, o que la guerra económica de EE. UU. fue en gran parte responsable del sufrimiento de cubanos y venezolanos.
La bestialidad asesina del imperio se ocultaba tras capas de confusión, lo que permitía a los propagandistas presentar a la estructura de poder occidental como un testigo pasivo de los abusos de regímenes extranjeros.
Ahora los propagandistas tienen muy poco con lo que trabajar, por lo que esas confusiones ya no pueden tener lugar. No hay forma de presentar una escuela llena de niños volada por un doble ataque aéreo estadounidense como algo distinto de lo que es.
Hay un límite a la manipulación narrativa que se puede ejercer sobre imágenes de vídeo sin editar de un genocidio respaldado por Occidente que se desarrolla a la vista de todo el mundo, día tras día, desde hace años.
No hay forma de hacer propaganda para que los occidentales crean que quieren pagar mucho más dinero por el combustible y los alimentos.
Vi al exdiputado del Parlamento Europeo Luis Garicano quejándose en Twitter de que las acciones de Trump están haciendo que parezca que los izquierdistas han tenido razón todo este tiempo sobre el imperio estadounidense. Garicano decía lo siguiente:
«Muchos de nosotros, los europeos liberales, pasamos décadas rechazando la versión caricaturesca de Estados Unidos que tiene la extrema izquierda europea (todo es petróleo, imperialismo, enriquecerse a costa de otros) y luego llega una administración estúpida y representa esa caricatura a la perfección».
Toda la visión del mundo de Garicano depende de su capacidad para evitar reconocer la verdad obvia: que la llamada «extrema izquierda» siempre ha tenido razón, y que el imperio al que adora siempre ha sido malvado. Simplemente le cuesta cada vez más ocultar su verdadera naturaleza, precisamente por los males que ha intentado ocultar.
Todo se está revelando cada vez más. Cada vez es más transparente. Lo que antes hacían únicamente los denunciantes, los periodistas de investigación, los activistas y los medios disidentes, ahora lo hace el propio imperio, porque no se puede ocultar por mucho tiempo la verdad sobre algo tan maligno.
Un imperio que se mantiene unido gracias a las mentiras, la corrupción y una matanza sin fin nunca iba a pasar desapercibido. La brutalidad necesaria para dominar el planeta tenía que salir a la luz tarde o temprano.
«Que todo salga a la luz» ha sido mi plegaria por nuestro mundo desde hace muchos años. Ese deseo tan arraigado está ahora siendo escuchado, y la verdad resulta tan espantosa como se esperaba.
Que todo salga a la luz. Que todo lo que está oculto se haga visible. En el imperio. En nuestros gobiernos. En nuestra cultura. En nuestra comunidad. En nuestras relaciones interpersonales. En nosotros mismos.
Todo abuso se reduce, en última instancia, a una falta de visión clara. Los gobiernos pueden abusar de las personas porque el público no ve con claridad la dinámica de la corrupción y la tiranía; si realmente entendiera lo que sus líderes les están haciendo a ellos y a su mundo, se rebelaría violentamente.
La violencia doméstica y el abuso sexual en la familia solo pueden continuar cuando el resto de la comunidad no ve ni comprende lo que está haciendo el abusador.
Nuestras propias tendencias abusivas solo pueden persistir mientras nuestras respuestas al trauma y nuestros mecanismos de afrontamiento desadaptativos permanezcan ocultos en las sombras de nuestro subconsciente.
Todas estas dinámicas disfuncionales perderán su vigencia a medida que tomemos cada vez más conciencia de lo que realmente está sucediendo, tanto en nosotros mismos como en nuestro mundo. Las cosas parecen feas ahora porque la verdad es fea, pero solo cuando la verdad se revele podremos avanzar hacia la salud y la armonía como especie.
Si alguna vez has realizado un trabajo interior profundo sobre tu propia psicología, habrás visto cómo se desarrolla esto en tu propia experiencia personal. Puedes sanar tus heridas internas si eres capaz de reunir el valor para sumergirte en tu propia oscuridad y enfrentarte con una honestidad inquebrantable a las incómodas realidades que has estado evitando dentro de ti mismo a lo largo de toda tu vida —pero mantuviste esas cosas en el inconsciente por una razón.
Dan miedo. Son dolorosas. Son vergonzosas. Enfrentarlas puede parecer el fin del mundo. Sin embargo, solo sacándolas a la luz de la conciencia pueden verse plenamente, reconciliarse y sanarse.
El mundo entero es así. Los seres humanos, como colectivo, no podemos solucionar problemas que no vemos ni comprendemos con claridad.
Nuestros gobernantes dedican tanta energía a mantener operaciones de influencia, como la propaganda de los medios de comunicación, las operaciones psicológicas de Hollywood, la manipulación de algoritmos de Silicon Valley y el secretismo gubernamental, con el fin de obstaculizar nuestra visión clara y nuestra comprensión.
Pero ahora todo está saliendo a la luz. Cada vez se ve más.
Que las mentiras y las confusiones sigan desentrañándose. Que la verdad siga revelándose.
(Publicado en : Caitlin Johnstone: The Empire Exposes Itself – Consortium News)
(Traducido al Español por: Rafael Poch de Feliu: El imperio se delata a sí mismo)